Estudio Bíblico

Siete días, y eran días literales

¿Por qué Génesis 1 habla de días literales? Cuando abrimos la Biblia en su primera página, Dios no nos recibe con un enigma, sino con un ritmo: fue la tarde y la mañana: un día; Y fue la tarde y la mañana: el día segundo; Hay un ritmo, casi un latido, que recorre todo el capítulo. Y ese ritmo no es decorativo: es la manera en que el texto nos dice, con sencillez y firmeza, que está hablando de días reales, de los que tienen una tarde y una mañana-

Siete días, y eran días literales

1. La fórmula que cierra cada día

Seis veces se repite la misma expresión: "y fue la tarde y la mañana". En hebreo, érev (tarde) y bóker (mañana). Esta combinación de tarde más mañana, en todo el Antiguo Testamento, jamás describe una era geológica o un período indefinido: siempre marca un día común. El autor pudo haber escrito de muchas maneras; eligió precisamente la que señala el paso de un día normal.

2. "Día" con número: el lenguaje de lo concreto

En Génesis 1 la palabra yom ("día") aparece siempre acompañada de un numeral: día uno, día segundo, día tercero. Fuera de este capítulo, cuando yom se une a un número, prácticamente siempre se refiere a un día literal de veinticuatro horas. El idioma mismo nos empuja hacia la lectura sencilla. 

Ejemplos con ordinal (día primero, segundo, tercero…)

  1. Génesis 7:11 — “el día diecisiete del mes segundo” (beyom shiv'ah asar): la fecha exacta en que comenzó el diluvio. Es un día de calendario.
  2. Éxodo 12:15 — “el día primero” (bayom harishon): el primer día de la fiesta de los panes sin levadura. Día litúrgico concreto.
  3. Levítico 23:39 — “el día primero” y “el día octavo” de la fiesta de los tabernáculos. Días festivos puntuales.
  4. Números 7:12 — “el día primero” (bayom harishon): el día en que el primer príncipe presentó su ofrenda; luego sigue “el día segundo”, “el día tercero”, etc., hasta el día doce, uno por príncipe. Doce días sucesivos y literales.
  5. Josué 6:14 — “el día segundo” (bayom hasheni): el segundo día de las vueltas alrededor de Jericó. Esta es una construcción casi idéntica a la de Génesis 1.
  6. 2 Reyes 20:5 — “al tercer día” (bayom hashlishi): Dios promete a Ezequías que al tercer día subirá a la casa de Jehová. Día contado y literal.

Con numeral cardinal (un día, dos días…)

  1. Génesis 27:45 — “¿por qué seré privada de vosotros en un solo día?” (yom ejad): exactamente la misma expresión que “día uno” de Génesis 1:5.
  2. Éxodo 16:4 — “la porción de un día en su día” (devar yom beyomo): el maná diario; cada día su ración. Inequívocamente días de veinticuatro horas.
  3. Números 11:19 — “no comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días”: una serie de numerales con yom, toda referida a días normales.
  4. Jonás 3:4 — “de aquí a cuarenta días Nínive será destruida” (arba'im yom): plazo concreto de días literales.

El patrón es consistente: cada vez que yom se combina con un número, ya sea ordinal ("día segundo") o cardinal ("cuarenta días"), el texto habla de días reales. Génesis 1 usa exactamente esa misma construcción (yom ejad, "día uno"; yom sheni, "día segundo”…), de modo que lo natural, según el propio uso del hebreo, es leerlos como días literales.

Un dato que refuerza el argumento: los estudios que han contado estos casos hallan más de doscientas veces yom con ordinal y cerca de trescientas con cardinal en el Antiguo Testamento, y ninguna de ellas designa una era indefinida. Génesis 1 sería la única excepción en toda la Biblia si quisiéramos leer allí sus días como largas épocas, lo cual no tiene base lingüística.

3. El sello del cuarto mandamiento

Aquí está, quizá, el argumento más hermoso y más sólido. Cuando Dios escribe con su propio dedo la ley en el Sinaí, fundamenta el descanso del sábado en el patrón mismo de la creación:

Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día.  — Éxodo 20:11

El mandamiento tiene fuerza solo si ambos "seis días" son del mismo tipo. Dios no nos pide trabajar seis días literales en conmemoración de seis eras vagas e indefinidas. La semana humana es un eco fiel de la semana de la creación. Si los días de Génesis se estiran en millones de años, el sábado pierde su raíz y el mandamiento queda sin piso. Por eso el sábado, lejos de ser un detalle aparte, es la prueba viva de que aquellos días fueron literales.

4. La voz del resto de la Escritura

La Biblia se interpreta a sí misma, y siempre trata la creación como un acto poderoso y rápido de la palabra de Dios, no como un proceso de incontables edades:

Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió.  — Salmo 33:9

“Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”Génesis 1:3

“Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.” — Salmo 33:6

“Alaben el nombre de Jehová; porque él mandó, y fueron creados.” — Salmo 148:5

“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios.” — Hebreos 11:3

Toda la Escritura canta lo mismo: Dios no fabricó el mundo lentamente a partir de materia ya existente, sino que lo llamó a la existencia con su sola palabra. Y aquí brilla un detalle hermoso: el mismo Dios que podía crearlo todo en un instante, eligió desplegar su obra en seis días y reposar el séptimo. No lo hizo por necesidad, sino por amor, para dejarnos un modelo que late en cada semana humana.

Lo que Dios habla, sucede. No hay en el relato lugar para largas eras en que la tierra fuera surgiendo lentamente del caos. Cada día se cierra con el resultado de la obra de ese día, terminada, completa, “y vio Dios que era bueno”. Es el lenguaje de una obra realizada, no de una evolución prolongada.

Una palabra sobre “mil años como un día”

A veces se citan dos textos —el Salmo 90:4 y 2 Pedro 3:8— para sugerir que los días de la creación serían larguísimas épocas. Conviene leerlos con cuidado, porque ambos enseñan algo precioso, pero ninguno es una fórmula de cálculo.

“Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche.”Salmo 90:4

“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.”2 Pedro 3:8

Lo primero que salta a la vista es la palabra "como". No dice que mil años sean un día, sino que son como un día. Es una comparación, un símil, no una ecuación. Y un símil no establece una equivalencia de medida, sino que ilustra un contraste.

El propio salmo se blinda contra todo intento de cálculo. Moisés no se detiene en "mil años como un día": enseguida añade "y como una de las vigilias de la noche", es decir, apenas unas pocas horas. En una misma frase, mil años se comparan primero con un día entero y luego con un breve tramo de la noche. Si fuera una fórmula, ¿mil años serían un día… o cuatro horas? La pregunta misma muestra que aquí no se está midiendo nada: se está cantando la pequeñez del tiempo humano ante la eternidad de Dios.

El contexto lo confirma. El Salmo 90 contrasta al Dios eterno con la fugacidad del hombre, que es como la hierba que brota a la mañana y a la tarde se seca; por eso pide: “enséñanos a contar nuestros días”. Y Pedro, por su parte, escribe para consolar a los creyentes que se impacientan por la tardanza del regreso de Cristo: Dios no se demora por olvido, sino por paciencia. Ninguno de los dos textos habla de la creación ni mide eras: hablan de la trascendencia y la paciencia de Dios.

Por eso, aplicarlos a Génesis 1 es sacarlos de su lugar. Y, curiosamente, ni siquiera alcanzarían para el propósito: mil años seguirían estando infinitamente lejos de los millones de años que se pretende defender con estos versículos.

El testimonio del espíritu de profecía

Elena G. de White, a quien valoramos como mensajera del Señor sin ponerla al nivel de la Escritura, fue mostrada con claridad sobre este punto. En Spiritual Gifts (vol. 3) escribió que se le presentó en visión que la primera semana fue como toda otra semana:

Fui llevada hacia atrás, a la creación, y se me mostró que la primera semana, en la cual Dios realizó la obra de la creación en seis días y descansó el séptimo, fue tal como cualquier otra semana.  — Spiritual Gifts, vol. 3, p. 90

Y advirtió con firmeza contra la idea de convertir esos días en períodos indefinidos: “la suposición de que los acontecimientos de la primera semana requirieron siete vastos períodos indefinidos para su cumplimiento, golpea directamente el fundamento del sábado del cuarto mandamiento. Hace indefinido y oscuro lo que Dios ha hecho muy claro” (Spiritual Gifts, vol. 3, p. 91). En otro lugar lo resume sin rodeos: cuando el Señor declara que hizo el mundo en seis días y descansó el séptimo, se refiere al día de veinticuatro horas, marcado por la salida y la puesta del sol.

La conclusión no nace de un prejuicio, sino del texto mismo: la tarde y la mañana, el día con su número, el sello del sábado y la voz unánime de la Escritura nos dicen que la creación ocurrió en seis días literales y un séptimo de reposo. No es una idea pequeña. Es el cimiento del sábado, el fundamento de nuestra confianza en un Dios que habla y crea, y la garantía de que la historia que la Biblia cuenta es verdadera desde su primera línea.

“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.” Que esa misma palabra creadora siga obrando hoy en cada corazón que la recibe.

 

 

Acerca del autor
Administrador Sistema
Colaborador de IASD Esperanza